Aquellos paseos de verano

En el Valle del Ebro sabemos que si el cierzo sopla fresco y fuerte a comienzos de octubre es que ha empezado a llegar el otoño de verdad. Ha sido un estío extenso y extraño. El calor sofocante nos ha obligado a pasar buena parte de los luminosos días a cubierto, encerrados tras la sombra de persianas y toldos, con suerte refugiados bajo el aire acondicionado. Quizás por eso, y también porque la compañía de Daniel es para mí garantía de intensidad temporal, los paseos con los que entretuvimos y disfrutamos las mañanas de la última semana de agosto son uno de los mejores recuerdos del verano de este año, ahora sí terminado.

Quizás recordéis, si visteis el vídeo al respecto, que esos días eché un mano en el cuidado de Daniel, ya que Jorge sólo pudo guardar vacaciones las tres primeras semanas del mes. El centro de día cierra todo el mes de agosto, e Inma no puede ya atender sola a su hijo para levantarlo de la cama, vestirlo, cargarlo hasta la silla de ruedas, por puras razones de envergadura corporal. Lo recuerdo por contextualizar en la correspondiente e insuficiente ecuación social la feliz experiencia de nuestros paseos.

Salíamos temprano, tras el despertar, el aseo y el desayuno. En la mochila de Daniel su botella de zumo; en la mía, la de agua y la del café frío. Cada mañana se fue alargando un poco más el tiempo de paseo. Caminar. Parar en un banco algún rato para hidratarnos. Algún día aprovechar para alguna pequeña compra en el supermercado: a Daniel le gustan los mercados y los supermercados, porque recibe un montón de estímulos diferentes, supongo (como a todos nos pasa, vamos). Los pasos de nuestro caminar, del rodar de la silla de Daniel, son exactamente el tiempo, y la sensación es la de que en efecto creamos ese tiempo mientras caminamos con el objetivo de caminar, de redondear las horas, de buscar la mejor percepción en cada momento.

Como nos ocurre a todas las personas en nuestra relación con los otros, las cosas que Daniel y yo podemos hacer, las querencias compartidas, forman parte de manera fundamental del tiempo común. Así que él siempre me pedía, al comienzo del deambular, escuchar música. Decidí hacer una lista con bastantes de las piezas que sé que le gustan o pueden gustarle y que ayudaran a un paseo relajado (esto de relajarse es importante). La comparto por si tenéis curiosidad.

Pero también pensé que, ya que el paseo es una actividad tan adecuada para la escucha, y como a Daniel escuchar historias, anécdotas, le gusta tanto, pensé, digo, que a lo mejor le apetecía pasear oyendo podcast que recogieran temas que le suelen interesar o al menos llamar la atención. Son podcasts con cuentos y temas de divulgación hechos para niños, muy interesantes. Veréis que entre los temas divulgativos, que en esos días prefería a los cuentos, hay algunos que tratan sobre la formación de la Tierra, los volcanes, el clima, fauna, dinosaurios… Yo, además de empujar su silla, y disfrutar del caminar, disfrutaba de sus caras, que intentaba observar para comprobar su nivel de interés o rechazo. Podcast tras podcast Daniel iba de la seriedad atenta a la mueca de sorpresa, o la abierta sonrisa. Incansable.

Para completar comparto un pequeño loco vídeo de un baile en casa, que de esto también algo tuvimos. Ya disculparéis las formas y la calidad mejorables, pero que no es fácil grabar, bailar y cantar a la vez, mientras mueves a ritmo con una mano una silla de ruedas y su habitante tamaño XL. Enlace a Facebook para ver el vídeo: https://www.facebook.com/luisaminana

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