Un nuevo día mundial más

Cada 3 de diciembre toca fijar la atención en el hecho de la discapacidad, de la diversidad funcional, para utilizar el término más adecuado en la actualidad. Hay tantas causas sociales y humanas sobre las que llamar la atención que es muy posible que las conmemoraciones y las llamadas de atención no sirvan finalmente de mucho. Aunque, por otro lado, en una sociedad hipermediática e hipermediatizada como la nuestra, no participar en el carrusel de grandes eventos o grandes fechas tampoco es muy recomendable ni muy inteligente. Así pues, recuerdo que hoy, 3 de diciembre, es el día mundial de las personas con discapacidad, o diversidad funcional (mejor).

No obstante, también tengo que recordar algunas otras cosas, para situar el alcance real de este día. La OMS (Organización Mundial de la Salud) resumen en 10 datos principales la radiografía mundial sobre la discapacidad (http://www.who.int/features/factfiles/disability/es):
El 15% de la población mundial vive con algún tipo de discapacidad, lo que significa que la discapacidad afecta a más  1.000 millones, y de ellas entre 110 y 190 millones de personas están gravemente afectadas.
La discapacidad afecta más a los más vulnerables. Tiene más prevalencia en la población de los países más pobres y también entre las mujeres, las personas mayores y los niños, más si son pobres.
La mitad de las personas con discapacidad no pueden acceder a la atención sanitaria que precisan (frente a un tercio de las personas sin discapacidad que sufren esta imposibilidad)
Los niños con discapacidad tienen menos posibilidades de escolarización
Las personas con discapacidad tienen una tasa de posibilidad de empleo bastante menor que las personas no discapacitadas; también en este colectivo las mujeres sufren una doble discriminación.
Las personas con discapacidad son más vulnerables a la pobreza. Viven en peores condiciones de alimentación, vivienda, y servicios, debido entre otras razones al mayor nivel de gasto personal y familiar requerido para su atención sanitaria y de asistencia personal.
La rehabilitación es una condición precisa continuada para garantizar una condición de vida de calidad. Sin embargo, una buena parte de la población mundial con discapacidad no tiene acceso a la rehabilitación y todavía es mayor la proporción de personas que no disponen de ayudas ortopédicas que precisarían (en países de Africa, casi un 50 % en el primer supuesto y un 70% en el segundo)
Las personas con discapacidad no participan normalmente en las actividades de su comunidad, y no disponen de las medidas e instrumentos de inclusión precisas para que esa participación pueda realizarse de la manera más autónoma posible; en EEUU un 70% de las personas diversas funcionales dependen de sus familiares o allegados más próximos para ayudarles en esta participación.
Muchos obstáculos de los citados se pueden superar, dice la OMS, en parte con el respaldo y generación de iniciativas a cargo de las instituciones y gobiernos, que deben construit presupuestos adecuados, planes, programas, asesoramiento, promover la conciencia social, la educación inclusiva, los servicios socio-sanitarios…
La Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad cuenta en la actualidad con la firma de más de 150 países y organizaciones, y ha sido ratificada por más de 100. Pero…
No voy ahora a hablar de recortes económicos, de insuficiencia de planes, programas, servicios sanitarios, de deficiencias en el sistema educativo, de desgana institucional y gubernamental a la hora de poner en marcha una educación inclusiva, de infravaloración de cuanto pueden aportar las personas con discapacidad a la colectividad, de sus derechos a la normalización sin olvidar sus especificidades, etc etc…
Frente a todos los datos aportados por la OMS, sólo voy a oponer una cuestión. Una cuestión de percepción personal. Veréis. Llevamos muchos años ya contado cosas sobre la vida en discapacidad, cosas muy sencillas, cosas muy inmediatas. Nunca agradeceremos bastante vuestra atención y generosidad. Sin embargo, no puedo por menos de sentir y constatar que la mayoría de la gente muestra reacciones eminentemente sentimentales ante los temas de la discapacidad. Quizás un punto menos de esa sentimentalidad y unos tantos más de implicación en cuanto a conocimiento, información, difusión, exigencia … nos vendría bien a todos, en los asuntos de discapacidad y los que se refieran a cualquier otro colectivo marginal y “no generalista” (y me pongo yo misma por delante). Quizás un poco menos de impulso puntual, concentrado en eventos concretos (tanta fuerza en un sólo ítem, que dirían los programadores, desperdicia buena parte de sus efectos benéficos), y bastante más de implicación en el desarrollo de actuaciones inclusivas, un bastante más de responsabilidad colectiva, nos vendría muy bien a todos.

Seguro que obtendríamos beneficios de retorno para todos, seguro que tendríamos sociedades bastante mejor construidas y maduras. Seguro que estaríamos todos mucho menos limitados en nuestras capacidades.

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