Derecho a la alegría

Al final, una aprende a gestionar sus cabreos y sus indignaciones de manera que no desgasten de golpe toda la energía de la que se dispone, que tampoco es tanta. Cuando la carrera de obstáculos es una maratón y encima transcurre por terreno pedregoso, hay que temperar el esfuerzo hasta para cabrearse.
Esta imagen fue tomada durante el último campamento “Abierto por vacaciones” del pasado verano. Es la imagen de la alegría. Ningún niño debería estar privado de momentos así (ningún adulto tampoco). Mostramos unas cuantas imágenes de ese campamento. Todas tan vitales. Vida y vida y vida. Podéis revisarlas en el enlace al post:
Estos días, hemos estado preparando unas cartas tanto para nuestro gobierno autónomo como para el ayuntamiento de nuestra ciudad. En periodo vacacional, los chicos y chicas de los centros públicos de educación especial de nuestra ciudad tienen la posibilidad de acudir a los campamentos del programa “Abierto por vacaciones”, organizado por el Departamento de Educación (en Semana Santa, Verano y Navidad), y “Zaragalla”, organizado por el Ayuntamineto (en Verano). Las cartas, distintas para cada destinatario, tienen por objeto mostrar nuestra satisfacción por el mantenimiento de ambas actividades, pero también pedir un par de cosas que creemos necesarias y justas. En el caso de “Abierto por vacaciones”, reclamamos un aumento en las ayudas por parte de la Administración. Actualmente las familias asumen el 60% del importe del campamento, más coste  de transporte y monitores que deben ir en los autobuses. Las familias han de pagar además las terapias que se ofrezcan dentro del programa, como fisioterapia. Las ayudas han ido disminuyendo a lo largo de estos últimos años y, al final, un mes de campamento puede suponer entre 500 y 600 euros de gasto extra para la familia. Ese gasto extra, teniendo en cuenta, además la actual y nefasta situación económica, supone un esfuerzo que cada vez menos familias pueden realizar. 
En el caso de “Zaragalla”, lo que pedimos al Ayuntamiento es que no limite las plazas disponibles. Este campamento no está subvencionado; y por tanto, no parece tener ningún sentido el límite de plazas, puesto que cada niño aportará el coste de su presencia.
Cuando estamos como estamos (paro sangrante, niños con problemas de alimentación, deshaucios, gente estafada por los bancos, corrupción aflorando sin parar…) puede parecer banal y baladí hablar de campamentos para el ocio escolar. Una de las perversidades de la crisis económica y social que vivimos es que nos lleva (de una manera más o menos inducida) a pensar y creer que sólo tenemos derecho a lo más precario (incluso ni eso). Vida de mínimos (de hecho, el trabajo en este país ya no garantiza una vida fuera de la pobreza). Por otro lado, en el caso de los chicos con necesidades especiales estas actividades no son sólo formas de entretener el ocio.
Los campamentos son para ellos fundamentales, en cuanto mantienen su nivel de estimulación individual y de sociabilización, ayudan a continuar el ritmo de las terapias que precisan, y además les brindan la posibilidad de diversificar sus ocupaciones en un grado que resulta imposible para las familias. Es decir, los campamentos constituyen parte de la forma de mantener la calidad de vida de los chicos con necesidades especiales. Y desde luego, es una manera también de corresponsabilizar a la sociedad en el esfuerzo de dignificar la vida de los chicos, de elevar la atención que toda sociedad debe conceder a la parte más debil de sí misma. 
O eso dice ahora Ángela Mérkel. 
Mi cabreo actual no va contra la Administración más próxima, aunque no me parece justo su proceder. O también va contra ella, por haber utilizado la excusa que perversamente le ha brindado la “gran jefa” con sus consignas y amenazas para disminuir drásticamente el nivel de responsabilidad para con los miembros débiles de la sociedad. Ahora, cambio de signo en el gobierno de coalición mediante, Mérkel anuncia medidas de redireccionamiento de las políticas sociales en su país. Mientras los demás nos quedamos con una cara de idiotas tremenda tremenda, oiga, y dos palmos de narices, y este cabreo que no consigo sacarme de encima. Pero, ¿y la alegría? ¿Nosotros no tenemos derecho a la alegría?

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