Hablar

Mañana, jueves 19, los alumnos del Ángel Riviere  representarán, como todos los años, su función de Navidad. Ya ha llegado el programa a casa. Y la cosa promete. Un compendio remix de temas aragoneses, un poco pasados por el inevitable filtro navideño. Ya contaremos, y enseñaremos imágenes, como solemos.
Hasta que no ha llegado el programa no hemos conseguido saber en qué consistía la representación. No nos hemos aclarado con Daniel. Nosotros con él. Porque él lo tenía muy claro. Le hemos preguntado de qué actuaba este año un montón de veces. Primero, mutismo. Luego, a base de insistirle y medio engañarle un poco, diciéndole que venga, va, Daniel, no importa si nos dices un poco del secreto… soltó una palabra. Nos parecía entender que hacía de presentador. Pero no. No hay presentadores. Daniel decía exactamente “A-ra-gón”, pero claro, para él es dicficil -todavía, je- pronunciar seguidas la “r” y la “g”, sobre todo con la “a” y la “o” (Jorge, sin embargo, lo pronuncia a la perfección). Bien, decía “a-a-ooo”, y nosotros creíamos oír algo así como “e-a-or”. Ya le hice saber que no había sido suyo el problema, sino de nuestra muy limitada capacidad de interpretación.
Daniel ahora no para de probar y probarse. El otro día estábamos delante de unos estantes de productos de papelería, buscando algunas cosas. Yo le iba contando todo lo que íbamos viendo: mira aquí tenemos un lápiz (á-iz, repetía Daniel); un cuaderno, mira qué chulo (ua-er-o, se entusiasmaba el chaval), un rotulador (o-u-ao) …  Mira, ceras para pintar (e-as); ¿tienes ceras en clase? Síii,  y pinturas de dedos, tienes? Síii… Y así con un montón de objetos, de los que iba repitiendo los nombres uno tras otro. 
Es una actitud que desarrolla constantemente en estos momentos, ante cualquier actividad o conversación en la que se sienta implicado. Y, por cierto, escucha a todas horas, o casi. Siempre ha escuchado mucho, más de lo que nosotros creíamos, claro, porque al no tener referencias, pues él no podía comunicarse, tampoco nosotros conseguíamos calibrar bien hasta dónde llegaba su capacidad no sólo de percibir, sino también de organizar interiormente lo que iba recibiendo. Poco a poco vamos “entrando” con paso más firme en el mundo interior de Daniel. Y es toda una aventura, de nuevo.
También ahora Daniel canta mucho. Ya sabéis que la música le chifla. Cantar también. Recuerdo bien (seguramente ya lo he contado), que cuando era pequeño (tendría unos cuatro años) y casi no pronunciaba palabra, le oí que iba terminando los versos de las canciones que yo le cantaba. Así me di cuenta de su tremenda memoria. Sólo podía decir la última sílaba del verso, pero las recordaba siempre. Cantar con alguien le molaba mucho, era como una autoafirmación fabulosa. Igual que ahora. ¿Qué hace ahora? Como no puede pronunciar al ritmo necesario, se ha inventado una forma de poder seguir la entonación melódica: el tu.tu. uu tuu uuu … Es superdivertido. De esta manera entona perfectamente, por ejemplo, los himnos baloncestísticos que tanto le entusiasman ahora, o sigue melodías, por ejemplo, de coplas, canciones poperas, etc, sobre todo piezas que tengan bastante armonía, que sean muy melódicas. 
Yo creo que la música ha sido y es muy importante para Daniel. Muy importante porque le proporciona felicidad. Y muy importante porque , a mi juicio, ha ayudado mucho en su desarrollo intelectual y en el avance en su capacidad de hablar. 
Aunque en este avance las ganas de Daniel han sido lo fundamental. Empezó, como todos los niños, emitiendo sonidos. Cuando tan apenas tenía meses, le incitábamos para que gritase (sobre todo aquí, la menda, le incitaba… y nos llevábamos a ratos la bronca general, pero había que enseñarle que aunque le costase, aunque fueran sin demasiada forma, él podía emitir sonidos, como todos: yo chillaba, él chillaba, modulaba un grito, él lo hacía… eso fue el comienzo y nos dio ya un montón de pistas). Luego, poco a poco palabras sueltas fueron saliendo de su garganta. Pocas. Daniel desde siempre ha alternado y/o complementado con mucha intencionalidad la oralidad y la gestualidad para comunicarse. Jugando, hemos inventado con los sonidos que él manejaba lenguajes para conjuros, para historias … Tuvo una época en que en cuanto venía su padre por la tarde, le lanzaba un encadenamiento interminable de sonidos que nosotros no entendíamos, pero con los que Daniel le ponía al corriente de cómo había ido el día. 
Nunca cortamos ese lenguaje en apariencia sin sentido. En contra, lo reconozco, de las instrucciones y recomendaciones profesionales). No digo que hiciéramos lo correcto. No lo sé, no tengo ni idea. Pero, con el tiempo han sido  cada vez más palabras, con más intención, de manera más autónoma, las que Daniel ha ido encajando en su vida diaria, sustituyendo de forma natural y sin que lo hayamos casi notado a aquellos balbuceos anteriores. Las posibilidades de comunicación y de interacción con Daniel están cambiando mucho. No podéis imaginar la tranquilidad que supone, por ejemplo, que si le preguntas qué le duele, pueda decirte “i-pa” (tripa), o simplemente que te pueda contestar “sí” o “no”.
Por eso me fastidia mucho no haber entendido a Daniel cuando nos insistió el otro día en que la representación de este año en Navidad iba de “A-a-on”. Porque sé que la representación navideña es muy importante para él y él tenía razón. Y me fastidia, aunque el lenguaje le esté sirviendo también ya como un instrumento de manipulación, eso lo ha aprendido rápido, y juega con el “sí “y el “no” al despiste, a tomarte el pelo… que no veas… (pero, claro, esto se llama inteligencia).

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