Daniel in crescendo

Despedida ayer por la tarde en el centro comercial (ese lugar de las emociones pasadas por lo mercantil, que a Daniel le gusta tanto):
– Bueno, Daniel, un beso, te veo el lunes…
– U-ne (y beso)
Las despedidas de Daniel solían ser un “a-i-o”, abreviado normalmente, para terminar antes, en “o”, un beso, y hala… Pero lo que hizo ayer Daniel fue repetir, aseverando, el sentido de la frase que yo había utilizado. Sí, ya sé que solamente pronunció “lunes”. Yo entiendo que con esa reiteración de la última palabra, él ha procesado toda la construcción, todo el sentido y sus implicaciones. Estoy convencida. Porque siempre he estado convencida (y lo he escrito aquí en otras ocasiones) que la cabeza de Daniel guarda mucha información, que sólo puede ir devolviendo a su ritmo y manera. Es una alegría, por ello, comprobar como a lo largo de este verano esa práctica de repetición de vocabulario ha ido creciendo y enriqueciéndose.
Cuando estuvimos hace meses con el doctor Valdizán, él nos encargó que hiciéramos listas de palabras. Palabras que Daniel pronuncia bien, las que pronuncia mal, las que nunca le oímos… Todavía no hemos llegado a confeccionar con rigor esa lista (el día a día es tirano, tirano). De alguna manera este post podría servirle al doctor, porque habría que contarle que en estos momentos Daniel se esfuerza en formular casi cualquier palabra que pille al vuelo (con sus limitaciones físicas, claro). Eso por un lado, pero además tenemos la impresión de que la relación entre su comprensión y su respuesta social a esa comprensión es mucho mayor, más coherente y completa. Quiero decir, por ejemplo, que cuando le explicas algo, sobre todo algo relativo a una situación que no corresponde exactamente a su rutina, no sólo da muestras  claras de haber interiorizado esa explicación, sino que su comportamiento se ha hecho más coherente a esa comprensión. 
Un ejemplo. Inma y Jorge fueron hace unos días a grabar su participación en el concurso “Atrapa un millón” (no podemos contar nada, se siente: compromiso de confidencialidad; pero supongo que Inma avisará en su facebook cuando vaya a ser emitido el programa). Estuvieron todo el día lejos de casa. No es una situación habitual para Daniel, ni tampoco bien tolerada por él. Sin embargo, todo fue muy bien. Estuvo algo serio, pero no hubo ninguna reacción “en barrena”, como a veces antes se producía, durante la cual resultaba un poco complicado hacerle salir de un estado “obsesivo”, aunque le expusieras en qué consistía lo que ocurría y él te dijera que sí, que lo entendía. Esta vez, todo fue como muy razonable. Le habíamos anticipado la situación un par de días antes, pero cuando llegué la noche anterior para quedarme ya a dormir, Daniel se inquietó un poco (a ver si mis padres se van a ir ya….,) y tardó algo más de lo normal a dormirse. Pero durmió con normalidad (con su normalidad, claro, que incluye removerse unas cuantas veces durante la noche). Al despertarse, sus padres ya se habían ido, y le recordé la cuestión, con tranquilidad;  ningún problema. Es más, se alteró tan poco que incluso le costó despertarse bastante; nada nervioso. Como a lo largo de la tarde, después de que volviera del colegio. Ibamos comentado de vez en cuando dónde estaban sus padres, cuándo vendrían, etc. 
Ahora empezamos ya a enunciar dos palabras juntas con sentido único (alguna vez lo ha hecho, pero no suele ser usual, pues el esfuerzo físico es bastante mayor). Lo hace con más facilidad jugando, relajado, cuando no piensa lo que tiene que hacer. Así que… trabajo para el curso ya tenemos, todos -:))

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