¡Crecemos!

El campamento de verano ha concluido por este año. Así que, en espera de unos días de disfrute playero, Daniel estrena esta semana un horario de, digamos, completa libertad. Esto está introduciendo algún que otro problemilla o conflicto de intereses a la hora de organizar los quehaceres y actividades diarios: entre lo que su madre tiene que hacer y lo que quiere Daniel; entre los horarios de los demás, que todavía siguen siendo para casi todos horarios laborales, y los de Daniel, que parece deducir que todos deberíamos hacer vacaciones a la vez que él y así ir al unísono y no interferir en su tendencia la vagueo. Pero las cosas son de otra manera. Y este año está resultando un poco complicado conseguir centrar el temita con él. Edad, caracter…, en fin. Una cuestión que se añade es que cuando Daniel se pone cabezón… se pone m-uuuu-yyyy cabezón, y pilla arranques de coraje que luego le resultan complicados de controlar a él mismo (hablando desde el punto de vista meramente fisiológico, digamos), y a los demás también, lo cual siempre nos da un poco de miedo. Por eso muchas veces tendemos a ceder. Así que él tira de esa cuerda. Y los demás debemos mantenerla tensa en la medida de lo posible. Pero a veces no es fácil. Aunque también hay que señalar que Daniel asimila muy bien los razonamientos que se le hacen. Otra cosa es que le de o no la gana de manifestar esa asimilación… Un tema que hay que coger ya por la directa, antes de que este chaval entre en territorios adolescentes.
Bueno, nada que no suene a los típicos tira y afloja que ocurren en el seno de todas las familias cuando los chavales comienzan a definir sus propias inclinaciones e intereses. Y eso es una gran cosa, teniendo en cuenta las circunstancias especiales, por lo que no vamos a quejarnos del ejercicio educativo que nos exige a los adultos, sino todo lo contrario. A pesar de que la tarea no aparece como sencilla. En fin, todo se andará.

Por las noticias que nos han ido llegando, el campamento ha salido requetebién. Lo cierto es que Daniel ha ido muy contento. El tiene, por lo demás, una gran capacidad de disfrutar con las cosas que le gustan. Además parece que incluso se ha echado una novieta: vamos, que la cosa no puede ser más veraniegamente normal. Ya se lo había comentado el otro día a Inma (lo de la novieta) la monitora que venía con Daniel en el autobús. Luego le preguntamos, y lejos de mostrarse avergonzadillo o tímido, nos contestó muy efusivamente que sí, que tenía una novia, y que era muy guapa. El otro día recibí un correo de Laura, otra de las monitoras, poniéndonos al día: nos contaba Laura que había hablado con Daniel y que le había preguntado si quería que nos contase lo de su novia a sus padres y a la tía del blog , y que él le había dicho que sí, todo emocionado y contento. Laura muy inteligentemente ha percibido la importancia de esta actitud de Daniel y del momento en que estamos (casi su preadolescencia, dice claramente Laura). Me emociona mucho pensar en Daniel, como nos lo describe Laura: hablándose, riendo, dándose la mano con su novia del campamento.

¡Crecemos!

Un comentario

  1. Nada nuevo bajo el sol ¿verdad?La única diferencia está en el modo de manifestarse esa personalidad creciente y en el modo de comunicarse.Lo de su despertar afectivo es también un reto. Un reto emocionante, por supuesto.Besos y abrazos a todos.

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