De fiesta

El sábado pasado estuvimos de fiesta. Una fiesta en toda regla. Bueno, estuvimos de boda. Contrajo matrimonio la abuela materna de Daniel, Pilar. Antes que nada, hay que desearle felicidad, a ella y a Jesús. Creo que ellos dos han tenido suerte al encontrarse, y creo que también han sido valientes. Se merecen cosas buenas. Por cierto, Daniel es el nieto de un puñado de abuelos: el abuelo Angel ya se fue, pero quería un montón a Daniel y él también, la verdad. Ahora, ha hecho muy buenas amigas con el nuevo abuelo Jesús, una de las pocas-pocas personas a quien deja Daniel conducir su silla (éso quiere decir que le da confianza). Están además los abuelos Julio y Rosario y la tia-abuela Casi, que en realidad es como una abuela-tri. No tengo que decir que los mimos llegan desde demasiadas direcciones.

Bien, lo pasamos bien en la fiesta, aunque Daniel, Vanesa y yo no pudimos asistir a la ceremonia. Daniel no puede estar dentro de la iglesia, porque el volumen y reverberación del sonido le hace descontrolarse muchísimo. Entramos, por probar. Pero tuvimos que salirnos a la calle exactamente a los 30 segundos de haber entrado: los gestos de Daniel se desencajaron, su expresión se crispó y el pobrete hasta se quedó páliducho-paliducho. Seguramente Daniel tenga una cierta hiperacusia; y al parecer la frecuencia y volumen en la que se producen sonidos como los que emiten los amplificadores, su efecto envolvente, etc, le alteran profundamente. Fue salir a la calle y ya pasó. Nos quedamos dando paseos y charrando en “inglés”: Vanesa, que aunque conoce bien a Daniel, no le había oído discursear, se quedó admirada de los esfuerzos del chaval por hablar. Vanesa conoce a Daniel desde muy pequeñito, cuando ella todavía no era sino una adolescente; alguna vez he contado que Daniel forma parte de la vocación profesional de esta mujer, que ahora ya es maestra. Ella se ha especializado en la educación de niños con discapacidad. De momento -debido a la estructura profesional del sistema educativo- no tendrá plaza en un centro donde pueda trabajar con ellos, pero espera poder hacerlo lo antes posible.

Después de la ceremonia se celebró un “picoteo” (lunch, dicho en fino) para todos los asistentes y entonces fue la hora del photocall. Habíamos decidido quedarnos en un pequeño patio al que daba el salón donde se ofrecía el lunch, más que nada para que Daniel estuviera un poco más a resguardo del jaleo. Y entonces ocurrió. El patio se convirtió en un auténtico photocall, por donde iban pasando los distintos invitados a hacerse fotos con Daniel. Pero lo más sorprendente de todo es que éste se mostró encantado. Echaba besos a la gente, sonreía y hablaba en inglés. Y no sólo sonreía espontáneamente (lo cual ya era bastante, dado su poca tendencia a mostrarse a gusto cuando hay mucha gente alrededor suyo), sino que atendía específicamente cuando el fotógrafo de turno le pedía la sonrisa. Prometo que ésto no se lo había visto hacer nunca antes. Bueno, no es verdad: lo había hecho un rato antes, en casa de su abuela Pilar, cuando Juanjo le pidió también una sonrisa para la foto que le hacían con ella, ya vestida antes de salir para la iglesia. No sé si se entenderá lo significativo de esta actitud de Daniel: tanto desde el punto de vista de su capacidad de interactuar bien con una circunstancia en concreto, y una circunstancia que no es especialmente fácil para él, e igualmente desde el punto de vista conductual, porque la temperamentalidad del genio de este niño no ayuda normalmente a que atienda a las demandas.

Otra cosa que estuve observando fue la actitud hacia Daniel de las diferentes personas que pasaron por el photocall. Su esfuerzo por acercarse a él con toda normalidad. Y ese esfuerzo parecera una tontería, pero no lo es. Algunas miradas y gestos denotaban cierta inseguridad respecto a qué decirle, cómo hablarle. Incluso curiosidad, diría yo. Pero ésto es lógico. Hay que contar con ello, porque de entrada la gente no puede saber qué grado de capacidad de interactuar con ellos alcanza a desarrollar Daniel. No conocen los códigos. A pesar de ello, creí percibir más naturalidad que en otras ocasiones, más relajación. Y eso me gustó. Y espero que esos códigos sean paulatinamente más asumidos por todos.

Reconozcámoslo: Daniel se portó francamente bien durante todo el rato. Eso sí, con excepción del berrinche que montó luego en casa, al tiempo de que sus padres volvieran a salir para acudir a la cena de celebración, a la que él ya no asistió para respetar sus horarios nocturnos (no hacerlo le descentra bastante). Vanesa que se quedaba con él no pudo por menos de reprenderle: !menudo morro tienes, Daniel, hacerle esta escenita a tus padres, cacho tirano!, me cuentan que le dijo. Y tras esa reprimenda y porque ya no había remedio, claro -porque él sabe perfectamente que esa actitud no está bien-, Daniel se quedó tranquilamente al cuidado de Vanesa.

Aunque al parecer con un oído avizor, porque al día siguiente me dijo Inma que fue entrar ellos en casa cuando regresaron y oírse desde la habitación del chaval un ¡uhhhhh!!!! (últimamente juega mucho a hacer miedo). El es así.

* Todavía no nos ha llegado ninguna foto de las hechas en el photocall, pero esperamos poder mostrar alguna pronto. Las que veis son de la sesión anterior, antes de salir de casa de la abuela Pilar.

5 comentarios

  1. Vaya con Daniel.Sabe encontrar sitios sin reverberación donde pasarlo bien.Se me hace que es un poco tiranuelo ¿no?En todo caso, formidable.Me alegro de que lo pasara bien y de su baño de multitudes.Enhorabuena a los novios veteranos ya casados.Y un abrazo a ese querido muchachote.

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  2. Coñe.Yo, que no conocí a ninguno de mis abuelos, me encuetro que Daniel tiene abuela-tri. ¿A como esta el traspaso de abuelas?;-)Sobre el comportamiento en las cercanías de Daniel… es difícil para alguien que no esta habituado, a veces por querer estar a la altura se pierde la naturalidad y es peor el remedio que la enfermedad.Esto es algo que me preocupa. Me pasó hace poco en casa de una persona a la que conozco hace poco. Cuando nos fuímos me dio por pensar que mi comportamiento de tanta \”normalidad\” no era normal, al fin y al cabo… que me lio Luisa.Enhorabuena a los recién casados y ¡viva los novios y que se besen los padrimos!, por cierto: Me encantan las bodas.Salu2 Córneos.

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  3. ¡Pues enhorabuena a los abuelos!Tener muchos abuelos es genial, yo tuve a los cuatro durante muchos años (ahora dos de ellos ya no están), y también tengo una tía abuela que es bastante \”abuela\”, jeje… Si Daniel sonrió tanto en el Photocall como en las fotos de arriba, debió pasárselo de miedo.Besos.Rosa.

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  4. Con lo chuli que es tener abuelos (casi siempre)¡como no va a estar contento mujer! y encima poder ir a su boda…tiene que ser la pera. Que bien.Oye, y eso de que le gustara el photocall suena bien ¿no?, un cambio de actitud curioso y positivo creo yo. Se van dando pasos..Por cierto, entiendo perfectamente que no quiera estar dentro de la iglesia durante la liturgia: a mí también me ha molestado siempre el volumen de esas ceremonias (jeje, que listo es mi chico).Muchísimas felicidades a esos novios. Muchas.Besos.PD Aprender a mirar, a relacionarnos es complicado, si señora. Me alegra leer que ese día salió bien. Ah, esos códigos..

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