Cantantes

Veréis, de niña, uno de mis juegos favoritos era organizar conmigo misma un festival de canción. Por aquel entonces aún se vivía en España con cierto frenesí el de Eurovisión (antes de su caída, previa a su nueva y actual resurrección) y también llegué a seguir con embeleso otros festivales como San Remo o Benidorm, tan veraniegos. Me gustaba mucho cantar. Aún me gusta, la verdad. Aunque nunca haya estudiado. Ya me hubiera gustado (una cosa más que no pudo ser). De niña, cantaba mucho. Yo sola, en casa. Canciones de todo tipo. En fin, ¿a qué viene esto? Pues a que a mi sobrino también le gusta muchísimo cantar. La cara de felicidad que se le pone cuando entona y, ahora, cuando hilvana alguna frase de la letra es de espectáculo pirotécnico. Hoy hemos hecho “trietos” con Plácido. O sea nos hemos puesto en Youtube un par de discos de romanzas zarzueleras  del superhéroe Plácido Domingo y nos hemos lanzado. Algunas tardes anteriores ya habíamos ensayado un poco.
Hace unos días, a Daniel le dieron sus notas finales. En este caso, las notas son realmente notas. O sea, apreciaciones textuales sobre cuestiones muy diversas que integran el desarrollo del curso escolar: desde los avances en conocimientos, la actitud, la capacidad de comunicación, de atención, los temas físicos de motricidad, afectaciones, la sociabilidad, etc. Una de esas notas, si no recuerdo mal de su profesora de música, incidía precisamente en esto de que Daniel es un tipo hipermusical. Siempre lo ha sido, ya sabéis. También contaba la nota escolar cómo le gusta cantar a Daniel y cómo se arranca a ello un poquito más cada vez. Señalaba algo que os sonará: cómo utiliza la uuuuu para cantar. Y también decía cómo se lanzaba en ocasiones a terminar las estrofas.

Clase de música en el colegio (creo que es del curso pasado)

Alguna vez he contado cuánto me emocionó, hace muchos años, escuchar a Daniel intervenir en la última sílaba de las estrofas de las canciones que yo iba cantando, durante un paseo una tarde por el barrio. Era aún bastante pequeño, cinco años o así. Me emocionó y me llenó de esperanza. Pues ahora ya no sólo termina con la última sílaba, sino que se atreve con frases cortas. La de hoy: “A la sombra de una sombrilla, los madrigales son ideales/ a media voz” (Mazurca de las sombrillas, de la zarzuela “Luisa Fernanda”), que hemos intervenido y tuneado a nuestro aire, como calentamiento para los “trietos” con el maestro Plácido Domingo.

Al final de la tarde, le he tenido que prometer que si mejoramos un poco más (un poquito) nos presentaremos a Eurovisión: la, la, la, la, la, la, laaaa …

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