Cumpleaños 17

Hoy este chaval cumple 17 años. 
Es un tipo alegre, que disfruta a fondo, que sonríe y ríe mucho. Le encanta sentirse reír. Le fascina la música. También bailar. Y escuchar historias. Creo que siempre está escuchando, siempre atento (incluso cuando practica interesadamente y a posta su pose desconexión). Le gusta el fútbol y el baloncesto. En su habitación cuelga un banderín firmado por los jugadores del CAI, y una foto dedicada por Fernando Alonso (también tuvo una época muy de Formula 1). Es tierno, aunque puede armarse de un genio de mil demonios cuando saca a pasear su perfil obstinado y a veces un pelín intransigente y tirano. Es un payaso. Y un chico muy serio, muy reflexivo y agudo. Cualquier habilidad de las más perentorias le ha costado mucho esfuerzo, pero ha ido alcanzándolas, a pesar de que es bastante vago: aprender a comer, a hablar, controlar la mirada, al principio de todo casi hasta respirar.  Tiene una memoria de elefante y es rápido como el rayo asimilando conocimientos.
Cuando preparábamos las fiestas de sus primeros cumpleaños no nos atrevíamos a imaginar ni de lejos que sería él mismo quien ayudase en la compra de las cosas que tendrán hoy en la fiesta que celebrarán en el campamento de verano. 
– Inma: ¿compramos zumo?
-Daniel: Zumo sí
– ¿De qué?
– Melocotón
– ¿De qué más?
– Naranja
-¿Alguno más?
– Melocotón
– Ese ya lo llevamos, Daniel. ¿Quieres de piña?
– Piña sí
-¿Quieres patatas fritas y ganchitos?
– Si, patatas, ga-itos
-¿Qué compramos caramelos o gominolas?
-Goi-o-as
-¿Galletas de chocolate?
– No
– Hombre, ya sé que a ti no  te gustan, pero hay chicos a los que les gustan mucho. ¿Compramos?
– Vale
17 años sin parar de aprender también nosotros. Personalmente debo decir que la llegada de mi sobrino sino cambió mi vida (soy sólo su tía, y aunque comparto muchas cosas del día a día, no me veo implicada en las tareas más cansadas, en las noches sin dormir, en las dudas y en las decisiones transcendentales, etc), sí que desbarató unas cuantas de mis prioridades en la vida y varió mi enfoque para muchas cosas. He crecido y he aprendido mucho, lo sé, gracias a Daniel. 
Daniel nos ha obligado a no darnos por vencidos nunca, a saber que cada centímetro de vida hay que pelearlo, y saber tal cosa implica otras muchas, buenas y malas. A día de hoy, yo no sería como soy si él no se hubiera instalado en mi vida, de una forma tan natural como el ciclo de las estaciones.

Daniel tiene ya 17 años. Viéndole y tratándole puede pensarse que en muchos aspectos tiene menos años. Es así. Los médicos le llaman a esto retraso madurativo. En cualquier caso todos guardamos una parte inmadura de nosotros mismos. La diferencia es que Daniel no sitúa sus diferencias internas en planos distintos de comunicación. En cierto sentido, es más libre que yo. Y lo que más tranquilidad me da es que no me cabe duda de que es un tipo feliz feliz y eso no le asusta. 

4 comentarios

  1. Felicidades de corazón a ese querido muchachote. La vida le ha sido singular y pródiga en gente cercana que le quieren y animan. Algunos también desde una distancia próxima seguimos de cerca su progreso.

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  2. Felicidades de corazón a ese querido muchachote. La vida le ha sido singular y pródiga en gente cercana que le quieren y animan. Algunos también desde una distancia próxima seguimos de cerca su progreso.

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