Barreras, escaleras y aceras

Hace unos días Inma denunció en Facebook, y también en las instancias correspondientes del Ayuntamiento de Zaragoza, la forma en que había colocado el andamio la empresa que lleva a cabo los trabajos de rehabilitación de la fachada del edificio donde viven la abuela y la tía abuela paternas de Daniel. Estas son las fotografías que pudo realizar. 

El andamio ocupa buen parte de la zona de paso hacia el portal. Esa zona además  está precedida por escaleras. Hay una rampa en paralelo; pero ha quedado inutilizada porque la estructura del andamio tiene una barra cruzada, que impide llegar a la puerta. De esta manera, tuvieron que subir la silla de Daniel a pulso por las escaleras, y después casi se queda atascada entre las barras verticales del andamio y la pared. 
En fin, un desastre de estructura, que lleva delante de la casa ya casi dos meses y lo que queda (estamos en agosto). Ni la empresa adjudicataria, ni tampoco la comunidad de propietarios, claro, han tenido en cuenta criterios de accesibilidad de ningún tipo, no sólo respecto a las personas que pueden ir en silla de ruedas, sino para muchas otras circunstancias: porque os aseguro que por allí no pasa una camilla, por ejemplo. Por no pararnos en situaciones mucho más cotidianas, porque estamos hablando de un edificio donde viven bastantes personas mayores, y no quiero ni pensar en mi madre  tirando del carro de la compra por las escaleras…
La policía municipal se puso ya en contacto con Inma. Han ido  a inspeccionar el lugar, e iniciarán los trámites pertinentes. Es muy probable que la estructura siga como está hasta el final de las obras. Pero quizás para otras veces la empresa se lo piense  mejor.
Claro que el propio ayuntamiento zaragozano tendría que aplicarse a sí mismo un poco de autoinspección en este tema de la accesibilidad. Estas fotos que traigo son de la Plaza Europa. Es un paso que yo calificaría de accesibilidad delirante.

La Plaza de Europa está elevada sobre el nivel de la calzada. Es un punto de intersección entre varias calles, avenidas y el Puente de la Almozara. Y es practicable para los peatones, mediante escaleras. Las escaleras, en la parte que muestra la fotografía (la que da al Paseo María Agustín), están en las condiciones en que se ve. Tremendo peligro para todo el mundo. Esas escaleras terminan en una acera con rebaje: y digo yo, ¿rebaje para qué? ¿Quién se supone que en silla de ruedas ha accedido a una plaza en altura sobre la calzada, a la que sólo se puede llegar o de la que sólo se puede descender por escaleras? Lo único que alguien en silla de ruedas puede hacer en esa plaza es rodearla en círculo, a través de la acerita que la circunda. Eso sí, con mucho cuidadín, porque la acera es estrecha-estrecha, y el tráfico que circula alrededor abundante y a menudo bastante caótico y agresivo.
Lo dicho, barreras, escaleras y aceras.

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