Lo que tiene sentido

Es verdad, hay días en que es necesario recurrir a dos o tres notas salvadoras, lenitivas cuando menos. Hay días en que lo razonable no sirve, y tampoco lo heroico. Hay días en que sólo el gesto minúsculo tiene sentido. 
Una escena que me ha hecho sonreír temprano, camino del trabajo. Me he tropezado en mitad de un paso de peatones con una pareja magnífica: un abuelo lleva a su pequeña nieta al colegio; el abuelo lleva al colegio a su pequeña nieta en su regazo; el abuelo lleva en su regazo al colegio a su pequeña nieta, encantada de desplazarse veloz sobre la silla de ruedas eléctrica de su abuelo.
Otra escena, solamente unos minutos más tarde, ha introducido en mi aplastado cerebro de hoy un pensamiento positivo de esos. Una chica adolescente va medio cantando al colegio. La llevan al colegio su padre y su madre, que hablan animadamente y ríen, mientras su hija canta a su manera, canta repitiendo sonidos y tonos (como hace Daniel, pienso). Y su alegría me tranquiliza. Y es entonces cuando tengo ese pensamiento positivo: se ha vuelto habitual encontrar a las personas con diversidad funcional que van a sus centros, a sus ocupaciones, que comparten a su ritmo la vida cotidiana de la sociedad, se ha vuelto relativamente normal (no lo era, en general, no lo era). A pesar de todo, a pesar de lo jodidamente mal que nos lo están poniendo todo, hay pequeñas victorias que no se perderán, no, no se perderán (cuestión de actitud).
Una última ventana, por hoy. Vi el otro día la película “Tierra de ángeles” (Så som i himmelen). No es que este tipo de historias ni sus parámetros dramáticos de “auto-ayuda/bondad/autenticidad” sean de mi interés. Pero al final de la película hay una escena (la de la catarsis general, digamos) que me llamó la atención por una razón. No contaré todo el argumento… Se produce en un momento determinado un desconcierto general, una tensión narrativa determinada, y en mitad de esa crisis que viene anunciando ya el final de la película, uno de los personajes coralmente protagonistas, que representa a un joven con algún tipo de diversidad funcional intelectual (parecen rasgos autistas), comienza a emitir unos sonidos reiterados, rítmicos, propios de su expresividad… esos sonidos se transforman en música, y la música transforma al personal. Desprendida la escena (por favor, haced el esfuerzo) de toda su carga melodramática, lo que me interesó es precisamente la demostración de cómo una capacidad diferente y que se muestra de manera totalmente intuitiva y natural, que habitualmente sería desechada por imperfecta, también puede ser compartida finalmente por mucha gente (en la línea de lo que están planteando todos los creadores que trabajan con personas con y sin diversidad funcional juntas, en teatro, danza, etc) y compartir, en cuanto a belleza y posibilidades expresivo-creativas, el mismo estatus que el resto de creaciones, digamos, más habituales (al fin y al cabo, la creatividad es siempre diversa y siempre en buena parte intuitiva, emocionalmente inteligente).

2 comentarios

  1. Es interesante lo que planteas, Luisa. Pienso que no sólo es la belleza de la expresión creativa lo que muestra el trozo de película que nos regalas, sino la vibración que emana de cada ser, tenga o no, alguna disfunción o discapacidad, es la onda energética que fluye de él, su propio don que hace bien,como el de todos cuando se comparte… Un abrazo.

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