Otoño

Hace ya como tres semanas que comenzó el curso. Me hubiera gustado contar en su momento algunas de las novedades de este año y también mostrar por entonces – a principios de septiembre- algunas fotografías como estas que veis: las hizo Inma durante los dias (breves este verano) de vacaciones que hicieron Daniel y sus padres. Como conocéis los lectores de este blog, a Daniel le gusta el agua una barbaridad; uno de sus estados predilectos es el acuático. En el mar no puede bañarse mucho rato, porque enseguida comienza a tener frío. En las piscinas climatizadas del spa la cosa cambia un poco. Además, como podéis apreciar, Daniel se fue equipado de un bañador térmico, con su camiseta interior incluida. Y aún así, ¡se enfrio!, caray con las corrientes de aire en los vestuarios.

Una de las novedades respecto al inicio del curso escolar que me hubiera gustado contaros es que este año, y por primera vez, Daniel tiene “un” profesor. Y además en su clase son todo chicos. Clase masculina a tope, pues. Está claro que Daniel atraviesa ahora una época de una cierta autoafirmación preadolescente, acompañada de una absoluta identificación con la figura de papá-papi-Jorge-padre-Jordi… Entre esto y la clase masculina…. No, en serio: a mi me parece muy oportuno para él este cambio en el colegio. Pero desde luego, las chicas no vamos a dejar de aportar algún matiz un poco civilizador, porque si no… (Inma, Elena, ya sabéis…)
Javier (profesor) comentó un día en el cuaderno de idayvuelta que Daniel estaba un poco serio, algo triste. Han sido semanas duras para todos. Daniel necesita sus rutinas mantenidas. Tener cerca a la gente a la que está acostumbrado y que sabe le va a ayudar en lo que precise. Además es sumamente afectuoso. Daniel sabía que el abuelo Julio estaba muy enfermo.Ya lo había visto algunos cuantos días en la cama, de donde no podía ya levantarse. Daniel entraba siempre un poco al cuarto para darle un beso. Así que estas semanas de hospital, con horarios extraños para mamá y sobre todo para papá, de ausencia prácticamente total de esta tía Luisa, escuchando las conversaciones en casa sobre lo malillo que estaba el abuelo Julio -no se le puede ocultar algo así, puesto que debía de ir asimilando lo que iba a suceder- han sido para él muy especiales también. De hecho, Inma estaba hasta un poco sorprendida de lo bien que se portaba Daniel en casa.
Le hemos dicho que el abuelo Julio ya no esta malillo, que se había dormido para siempre para poder descansar, como hizo ya antes el abuelo Ángel. Es complicado saber cómo le afectan determinadas cosas, determinadas emociones.
– Daniel, ¿sabes que el yayo Julio está así ya bien, verdad? Porque estaba muy malito. ¿Lo entiendes?
-Síiiii
– Y estos días lo que ha pasado es que todos hemos estado mucho con el yayo, ¿sabes? Eso, te parece bien, ¿no?
– Síiii
– Ahora ya, Daniel, podemos volver a hacer las cosas que hacemos normalmente, ¿estarás contento?
– Síii
Y nosotros de que lo estés. Porque no hay terapia como la risa de este niño.

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