Dependencia. 1ª parte: ¿cómo me las maravillaría yo?

En atención a  la orden de 31 de julio de 2012, por la que se determinan las cuantías máximas de las prestaciones económicas del  Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia en la Comunidad Autónoma de  Aragón, para el ejercicio 2012 (VER), en función de las indicaciones establecidas por  el Real Decreto-ley 20/2012, de 13 de julio, de medidas  para garantizar la estabilidad  presupuestaria y de fomento de la competitividad, la cuantías establecidas para las prestaciones por cuidados en el entorno familiar son (en Aragón, sirva de ejemplo),
Grado III, Gran Dependencia, Nivel 2  442,59 €
Grado III, Gran Dependencia, Nivel 1  354,43 €
Grado II, Dependencia severa, Nivel 2  286,66  €
Grado II, Dependencia severa, Nivel 1  255,77 €
Grado I, Dependencia moderada, Nivel 2  153,00 €
Las cantidades reflejan ya, por tanto, la merma del 15% anunciada y prescrita por el Real Decreto. 
En el caso del grado III, gran dependencia, nivel 2, dicha merma equivale a más 70€ euros mensuales. Es lo que va a dejar de recibir el entorno familiar que ayuda a Daniel en su vida diaria, al tiempo que procura cooperar en su crecimiento personal. Me interesa mucho fijar bien este concepto de ayuda y colaboración, en realidad de trabajo. Del que realiza todo un entorno para que Daniel, calificado por el sistema como gran dependiente (y ciertamente lo es, si consideramos su nivel de dependencia de otra persona para desarrollar su vida con “nuestra” normalidad), pueda crecer como persona, y lo haga siempre en función de sus circunstancias (como a todos, al fin y al cabo, nos ocurre).  Para alguien que necesita que siempre haya una persona a su lado -excepto en los momentos en que aparece en el televisor o el ordenador Pocoyo, Rafa Nadal, o el Barça…, claro, y sea dicho con humor, -nunca hay que perderlo,- es evidente que su vida depende de multitud de actuaciones diarias solidarias.

Nadie en su sano (y no cínico juicio) puede sostener con la cabeza alta y sin mirar para el otro lado que la reducción de las ayudas al cuidado en el entorno familiar se produce para incentivar la contratación de profesionales que realicen esas tareas. Hay que ser cruel para decirlo.

Y eso que la ley parte de una concepción tan estrecha, tan rígida, tan demagógica que  al final ha ayudado a algunas de las paradójicas situaciones injustas que se están produciendo y se seguirán produciendo (sin duda).

Por ejemplo, como Daniel es menor, va -lógicamente- al colegio (un colegio estupendo, por cierto; público; por cierto, eso sí, de Educación Especial, porque la educación inclusiva es una forma de educar y un derecho que en este país ni se vislumbra (y menos que se va a vislumbrar). Como va al colegio -lógicamente- no es potencial usuario de un centro asistencial (sí que lo sería una persona mayor dependiente, por ejemplo).

Bueno. Como no es potencial usuario de centro asistencial, tampoco es sujeto con derecho a percibir prestación económica vinculada de asistencia personal (o sea para contratar al profesional, que  en teoría atiende al dependiente que no está en centro asistencial, sino en su casa, y que se supone es el que ahora deberá sustituir al cuidador del entorno familiar – carambola

¿Me van siguiendo, no? Quiero decir que en este caso no hay ninguna posibilidad de que el sistema de dependencia contemple la contratación de un profesional  que sustituya a los cuidados familiares; lo cual no es impedimento para la reducción de la ayuda

Por cierto, que -de momento-  la prestación vinculada a asistencia personal contempla una cantidad bastante más elevada que para el cuidador del entorno familiar, aunque las horas que el cuidador del entorno familiar dedica son bastante más que ocho al día que se supone tendría una jornada laboral del profesional en cuestión — a quienes, por favor, no minusvaloro, todo lo contrario, que conste; son objeto de la misma situación de injusticia y absurdez cruel, prepotente y descuidadera – a posta, claro, y cuyo sueldo también deberá reducirse en el porcentaje estipulado.

La crueldad se extiende también a las cuidadoras familiares. Ya saben porque escribo cuidadoras.

Verán:  la cuidadora (o vale, cuidadores, a medias, que casos los hay, por supuesto) es muy posible que  haya debido  dejar de trabajar parcial o totalmente para poder dedicarse a esos cuidados y atenciones. No crean que por abnegación sin más: dejan de trabajar porque, en general,  la conciliación familiar es algo que solo se puede sostener con la colaboración de toda la sociedad en forma de Estado (el del Bienestar, sí, claro)- porque no hay empresario (en general insisto, si exceptuamos mundos como el del Google y similares, nada carpetovetónicos, ya me entienden, y ya sé que Google tampoco es el paraíso) que haya asimilado qué sea eso de la conciliación familiar y mucho menos se halle en disposición de colaborar a ella.

Recuerden: para que una persona dedicada al cuidado de un dependiente pueda acceder al mercado de trabajo sin necesidad de conciliación familiar, necesitaría a su vez contratar a un trabajador social para que cubra su ausencia del hogar y atienda a su dependiente. Es algo que, en función de lo explicado más arriba, resulta imposible para los/as cuidadores/as de menores, por ejemplo (el horario escolar “especial” -para quienes estén pensado en ello: de 10 a 17- pelín complicado en este país acomodar sin más a este horario el laboral, de verdad, comprobado)

Bueno.

Una de las cosas realmente buenas que tenía la ley de la Dependencia era la justa cotización a la Seguridad Social por estas personas, que al fin y al cabo están asumiendo una tarea que es de responsabilidad social (no familiar – la familia asume esa tarea por cercanía, empatía, amor si se quiere, claro; pero no por obligación, no, y la asume en nombre propio y de la sociedad que debería respaldarla // debería).

La eliminación de  la cotización en la Seguridad Social excluye a muchas personas de una cierta seguridad futura, tanto si se encuentra en el inicio o medio tiempo de su vida laboral (cuidadores de niños), o hacia el final (cuidadores de mayores); en este caso,  y tal y como está planteado el derecho a las pensiones -que se endurecerá, seguro-, si las cosas siguen por estos caminos-, la injusticia puede ser irreparable.

Eso sí, el INSS -creo- se ha dirigido a todos estos cuidadores/as para que opten -si lo desean- por pagarse ellos mismos la cotización. Al igual que se ha dirigido a quienes tienen las prestaciones vincuadas a la asistencia personal: porque a estos contratados tampoco se les va a cubrir la cotización a la Seguridad Social por parte del sistema de la Dependencia (también debe ser parte de la misma iniciativa para fomentar la contratación de profesionales)

¿Siguen siguiéndome?

Hay restricciones que provocan eliminaciones.

Próximo post: El entorno familar no es un entorno cualquiera (o algo así le llamaremos)

2 comentarios

  1. Claro, meridiano … y demoledor querida. Que cruda realidad.Me gusta especialmente que recuerdes que no se trata solo de la ayuda básica de supervivencia diaria sino también la de su crecimiento como PERSONA. Que aquí parece que algunos no tienen ese derecho y lo único que debemos hacer con ellos es darles de comer y, perdóname, limpiarles el pompis.Si lo piensas es como una broma: el propio sistema te impide que contribuyas con él a generar los recursos que le permita ayudarte en un futuro …. porque le importa un auténtico comino lo que hagas con tu cuerpo serrano. Y así, da chiquicientas vueltas, disfraza argumentos y se fabrica una nueva prueba del 9 para que encima algunos piensen que vaya, que no queda otra. Y que es justo así, que algunos seguro que se lo creen.El argumento asqueroso de \”incentivar la contratación de profesionales\” o \”primar los servicios sociales\” (esos que ellos mismos están desmantelando) les tenía que rebotar un día en la frente. Pero bien.Todo esto, al final, se resume muy fácil; \”si te toca jódete\”.Ah, y dejémos que la \”iniciativa privada\” resuelva el petate \”a quien se lo merezca\”, claro.Que nos ha salido eficiente la iniciativa privada debe ser. Me callo, que me encocoro.

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  2. Escribo esto el 3 de mayo de 2013, cuando han pasado sólo dos días del anuncio del gobierno de los cambios en la Ley de Dependencia que suponen aumentar el copago y otros \”ahorros\” de mil millones de Euros. Ayer en Inforesidencias.com, portal especializado en residencias geriátricas que dirijo desde julio de 2000, difundimos un pequeño análisis sobre los nuevos recortes de la Ley de Dependencia. Resulta sorprendente lo poco serio del informe que ha elaborado el gobierno. Ahora sólo queda esperar mientras quien busca una residencia para mayores, un centro de día o una ayuda a domicilio, deberá pensar que si no tiene para pagar el precio privado o el creciente copago, mejor será que se prepare para cuidar a su mayor en casa. Ver la noticia de la que hablo.

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