Sonrisas (no lágrimas)

¡Fuimos al “concierto”! 
Aquí veis a Daniel, con sus padres y su primo Víctor durante el descanso de Sonrisa y Lágrimas.  Había que dejar constancia del momento, después de toda una semana de nervios y ansiedad y de un domingo aún más lleno de nervios. Daniel llegó literalmente “atacado” de impaciencia. Incluso andábamos un tanto preocupados, porque su emotividad (que por carácter es ya muy fuerte) se dispara potencialmente debido a su afectación cerebral. Así que hay que ir en este tema con un cierto cuidado y buscando reequlibrar en lo posible las sensaciones. 
También ocurría que -aunque está acostumbrado a acudir a auditorios y teatros, pues su colegio organiza muchas actividades en este sentido- el espacio era desconocido, había bastante gente alrededor, etc, etc. Siempre se hace necesario un tiempo para que se vaya habituando a las condiciones ambientales. Bien, al cabo de un ratito, el tema quedó superado. Eso sí, algún que otro susto se produjo a causa de los aplausos, los timbales-truenos, y efectos similares. Pero también nos asustábamos a veces los demás.
Tres horas completitas de representación. Tres horas. Daniel y Víctor no es que aguantaran esas tres horas, que ya es para ambos mucho tiempo. Es que hubieran seguido otras tres más.
Daniel traslucía la mayor parte del tiempo una expresión así como de éxtasis, incluso cierta incredulidad: como diciendo, pero jope, sí, si al final estoy en el concierto, que dura un montón… vaya escenario, cuántos colores, qué música tan chula… Todo esto creo que estaba contenido en el círculo que mantuvo su boca abierta la mayor parte del tiempo.
Le íbamos anticipando explicaciones del argumento, y también si tocaba parte hablada o cantada. Así tenía referencias más exactas. De tal manera que poco a poco consiguió seguir muy bien el sentido de todos los diálogos (hay que tener en cuenta que la representación juega con situaciones históricas que, no sólo Daniel, muchos niños no conocen; y creo que juega también con que mucha gente ha podido ver la película y sabe bien la argumentación; muchas elipsis que en algunos puntos pueden dificultar a los chavales la comprensión pormenorizada de la historia, aunque no el sentido general de la misma). 
– Pues, Daniel, parece que al final el capitán no se casará con la “bruja”… . Gran sonrisota de Daniel, que enseguida torna a concentrarse en escuchar.
Escuchó mucho – aunque en algunos momentos no pudo reprimir sus ganas de cantar también- y no se aburrió nada. Como Víctor, que no paraba de repetir: ¡me encanta, es que me encanta, si sé que es tan chulo vengo a todas las sesiones (sic)!
Es la magia de los cuentos y la música juntos (nada mejor para Daniel) , es la magia del teatro en directo –  (al que yo también sucumbo siempre: pocas cosas comparables a esa facultad mágica que es la capacidad de crear mundos dentro de un espacio concreto y reducido, gracias a la voluntad de simulación e imaginación de una colectividad cómplice).

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