Tecnología sí, toda, y accesible a todos

El sábado pasado, con motivo del Día del Autismo, Juan Carlos Gónzalez (padre de un niño con autismo) y App5b dispusieron la libre descarga de Ablah (http://ablah.org/), una aplicación para Iphone, Ipad e Ipod touch, que adapta a estos soportes los elementos clásicos de la comunicación aumentativa: pictogramas y voz grabada previamente. Lo cierto es que las posibilidades de los soportes digitales multiplican las posibilidades de los sistemas de comunicación aumentativa y sin duda van a potenciar su desarrollo.
Aprovechamos el día de libre descarga de Ablah y la bajé para el Iphone para ver cómo funciona. Ya hablábamos en el antepenúltimo post de la naturalidad y, hasta cierto punto, facilidad con que Daniel comenzó a manejar mi Iphone. En su caso, necesitaremos una pantalla más grande desde luego, pero ya estamos convencidos de que este es un camino a recorrer. 
Los instrumentos tecnológicos no son solo una ayuda. Son ya para todos nosotros prolongaciones de nosotros mismos: prótesis que aumentan en cualquier caso nuestras posibilidades y formas de comunicación, transformándolas también. Son un salto cualitativo cuyos horizontes no dejan de extenderse.
Hay que esperar y reclamar que también suceda así para los colectivos con diversidad funcional. Que suceda especialmente para ellos: porque si la vida de todos nosotros cambia mucho gracias a estos dispositivos, no hay que explicar lo que supone en el caso de la gente con discapacidades.
Estamos convencidos de que para Daniel (nativo digital donde los haya a su manera y en su medida: ha estado sentado frente a ordenadores desde que tenía un año) poder disponer de un ordenador con pantalla táctil y/o de una tableta será un gran avance en su autonomía (desde comunicación hasta realizar algunas elecciones a través de la pantalla). Pero habrá que ir despacio: no sólo por razones pedagógicas, también por las económicas.
Y a estas razones me refiero cuando hablo de reclamar la accesibilidad tecnológica: en este caso no se trata de barreras físicas, sino de las otras, las que impone el mercado. Estoy convencida de que la tecnología en general se vende hoy bastante sobrevalorada en su precio de mercado (como casi todo en este sistema económico, claro). Eso provoca su inaccesibilidad para muchos. Una barrera contra la que hay que luchar, también.
Así que, si bien Ablah no es muy caro, agradecemos la iniciativa, porque si hay colectivos a los que los desarrolladores y comercializadores de tecnología deberían ofrecer la suya en condiciones especiales es sin duda la de los colectivos con diversidades funcionales.
Y una única puntualización más: toda la tecnología de nueva generación (digamos) nos puede parecer muy cara todavía (y ya digo que creo que lo es); pero aún me parece más la que hasta ahora hemos estado utilizando: porque frente a los 75 € pagados por el pulsador Big Red que ahora tiene Daniel conectado al ratón de su ordenador (con el que sigue necesitando de la asistencia de otra persona que apunte el ratón al lugar adecuado), los 600 € que de media vale una tableta (Ipad, Nockia, Samsung, etc) no parecen tan descabellados (téngase en cuenta lo que podemos hacer con uno -plástico más conmutador- y con otra). 
Pero no es con esto con lo que hay que quedarse. Si no con que el Big Red ya es un ejemplo de precio desproporcionado, y en ello seguimos.

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