Vecinos especiales

En una esquina del centro comercial nos encontramos ayer con Ainhoa y su familia, con quienes tengo el gusto de compartir barrio y muchos encuentros en el centro comercial. Daniel y sus padres habían venido a hacer algunas compras y a merendar. A Daniel los centros comerciales le pirran: hay muchas cosas en las que ir fijándose, hay música casi todo el tiempo, hay bullicio y animación, en fin… son sitios la mar de entretenidos para él. Pues eso, que allí en una esquina de repente sonó una voz familiar llamándome: la voz de Lamima, que con toda la familia andaba también de “tarde en centro comercial”, recién llegados como estaban de sus vacaciones gallegas. Estuvimos un buen rato, charra que te charra, mientras Ainhoa camelaba a Jorge, que se lo pasó pipa haciendo el gamberro con ella. Daniel, a quien le gusta mucho oir las risas de otros niños y sus gritos y sentir su ir y venir, hubiera querido sin ninguna duda deshacerse por un ratejo de su silla y participar de las volteretas, de las ascensiones “hasta el techo”, de la juerga que se habían montado su padre y Ainhoa. El otro Daniel, el hermano de Ainhoa, con cara de chico mayor, les miraba ya desde otra posición, digamos. Siempre me ha parecido un chico muy observador y sensible.

A mi me da mucha rabia que cada vez cueste más, lógicamente, cargar a Daniel (Miñana) en brazos y sobre todo brindarle esos momentos de absoluta alegría, cuando lo volteas, saltas con él, hacemos molinillos, o cualquier otro juego un poco “bestiajo” que implique mucho movimiento. Desde luego, por mi parte, ya sólo me atrevo en casa. No como antes, que en cualquier sitio se le podía coger de la silla y hala, ¡a jugar!. En fin, son las cosas del “crecer”, claro. Así que ayer, en ese ratito, Ainhoa fue la reina de los mares, mientras los dos Danieles (por razones bien distintas, claro) la observaban. Ainhoa contagia su alegría, te llena de su simpatía. Es un zascandil la muchacha. ¡Menudo terremoto, ja, ja esta Ainhoa “con hache”, que repetía ella todo el rato, cuando Jorge la hacía rabiar diciéndole que se le habá olvidado su nombre otra vez!

En cuanto a Daniel (Miñana) fue la primera vez que le oí dirigirse en su “inglés” a personas que no sean de su entorno más próximo. Lo hizo brevemente, porque es tímido, y porque terremoto Ainhoa le tenía entretenido todo el rato, pero lo hizo. Y de este tema del “inglés danielino” será menester seguir hablando, porque da para bastante investigación y un buen puñado de anécdotas.

Tanto Daniel como yo andamos todavía entregados al tiempo de vacaciones. Pero poco a poco iremos recuperando el ritmo, para que en septiembre la vuelta al colegio no nos pille demasiado en babia.

2 comentarios

  1. Jaja, ¡que rato más majo pasamos a lo tonto!.Yo también pensé en eso que dices con Daniel: le hubiese encantado estar en la otra mano de Jorge para subir al cielo con Ainhoa, igual que ella fantasea con crecer algún día. ¡Ay!De cualquier lo mejor fue disfrutar de la mirada de Daniel a Ainhoa..y la de mis hijos hacia él. Me gustan esas miradas limpias, con sonrisa.Lo del inglés es para contarlo hija, de verdad. Besos mil.

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  2. Por un instante mientras te leía me he sentido vecino especial, a pesar de la distancia física, de tan especiales como queridos vecinos.No en vano ese adorable conjunto de \”miradas limpias\” me viene siendo una ventana abierta a un paisaje encantador al que suelo asomarme cuando necesito aire.Gracias a todos vosotros por estar ahí.Tan al lado.Besos.

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