Cumpleaños

Vamos con un poco de retraso, sí. Estas semanas están siendo un tanto complicadas y todavía no nos ha dado ni tiempo de sentarnos un ratillo a contaros qué tal discurrió el cumpleaños de Daniel, que fue el 15 de julio. Resultó una jornada bastante particular. Daniel y sus padres están de mudanza. Ese mismo día de su cumpleaños llegaban a la casa nueva. La verdad es que las causas de esta mudanza han sido muy enojosas y un tanto dolorosas (el mundo es bastante inhóspito en general, pero a menudo los humanos también). Sin embargo, ya pasó y todos están francamente contentos en el nuevo piso. Daniel me dijo ayer que su habitación “molaba” mucho, llena de luz como es y con espacio suficiente para sus cosas. También el contiguo “cuarto del ordenador” en el que pasaremos muchas tardes de tareas y diversión es muy luminoso y alegre. Así que el chaval se encuentra a gusto, y se le nota. Aunque acusa algo el cambio y anda muy muy mimoso (aún más que lo habitual, ¡que ya es mucho!).
Bueno, a lo que íbamos. Tuvimos pues un día de cumpleaños algo atípico, pero emotivo y emocionante. Por la mañana, en el campamento, las monitoras y compañeros de Daniel preparon una fiesta fantástica. Inma y Jorge habían comprado una supertarta y un montón de chuches que se fueron junto con Daniel al campamento. La información de las monitoras contaba que se lo habían pasado muy muy bien. Que se habían comido la tarta. Que había habido música y juerga. Que las chuches no les había ya dado tiempo de comérselas y que lo harían al día siguiente. Entre todos, confeccionaron la postal gigante que veis en una de las fotos que os traemos. Una gran postal con fotos de la fiesta y las velas de la tarta pegadas en la portada y las firmas de todos en el interior. Daniel estaba tremendamente contento cuando la vimos en casa y fuimos señalando cada una de las firmas que allí hay. Ya veis las fotos: Superemocionante. Un gran besazo de nuestra parte a todos los colegas que estaban por allí, pero que no salen en las fotos porque no sabemos quienes de ellos tienen permiso de sus papás para ser fotografiados y quiénes no.

Después de comer nos fuimos ya para la casa nueva. Un montón de llamadas teléfonicas y la visita de sus tíos Raquel y Paco y del primo Víctor. Aprovechando que Víctor iba a ayudar a Daniel a abrir sus regalos, procedimos: una cazadora muy chula para los días fresquitos de verano y primer otoño, unos estupendos cantacuentos, el teléfono de Pocoyó ( al que todavía no le hemos encontrado todos los trucos) y la nave de los Little Einsteins. Aún no hemos podido jugar demasiado. Las tareas de mudanza han proseguido en la nueva casa. Pero ya enseguida nos pondremos a ello y también bajaremos a la piscina. Porque ¿qué es lo que más le gusta a Daniel de la casa nueva? Evidentemente que tiene una chulísima pisiciiiinaaaaa comunitaria, en la que seguro podrá darse unos buenos chapuzones de esos que tanto le gustan y hacer algunos amiguillos.

Daniel ha cumplido ya diez años. ¡Madre mía! Nuestro amigo Miguel Angel Latorre me acaba de comentar hace un rato, al ver estas fotos que dejamos aquí: ¡qué mayor está! Y esa es la exclamación que más he oído estos días respecto a Daniel: la mudanza ha dejado a la vista un montón de fotos de Daniel de diferentes épocas hasta hoy. Y sí, cómo ha pasado el tiempo, y cómo ha ido cambiando la perspectiva de muchas cosas gracias a la presencia de Daniel, y con qué intensidad hemos realizado todos nuestro aprendizaje de esa “nueva-misma realidad”.

Ah, gracias a todos los que nos habéis hecho llegar felicitaciones. Un gran abrazo.

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